_viviana Castro, 2025.

Terapia Digital

Terapia Digital propone una experiencia inmersiva donde formas geométricas simples laten, crecen, se desplazan y fluyen en un ritmo impredecible. El movimiento generado de manera aleatoria imita la naturaleza ondulante del mar, a veces suave, a veces más intenso, pero nunca igual a sí mismo. El espectador se enfrenta a un entorno que no demanda inmediatez ni respuesta, por el contrario, invita a detenerse, a habitar la pausa y a entregarse a un flujo visual que desafía la velocidad de la vida contemporánea.

La obra no busca representar el mar, si no evocar su armonía, su respiración, trasladada al lenguaje digital. En un mundo gobernado por algortimos que exigen rapidez y atención fragmentada, Terapia Digital se presenta como un “oasis”: un espacio donde lo inesperado se convierte en refugio y desconexión, una experiencia que nos recuerda que lo impredecible también puede ser refugio.

Desarrollo técnico, estético y conceptual

Inspirada en la obra cinética de Vera Mólnar, esta obra explora la repetición, la alteración mínima y el desplazamiento de figuras geométricas simples, para construir estructuras que, como en los trabajos de la artista, parecen tender hacia lo infinito.

Siguiendo a Claire Bishop en su texto “El arte de la instalación y su herencia”, la obra se concibe como una instalación que activa al espectador. No se trata sólo de mirar, si no de ser sumergido en una experiencia sensorial que lo descentra. Bishop plantea, que el espectador de instalación es inicialmente situado en un lugar “centrado” para luego fragmentar su percepción y revelar la inestabilidad de su subjetividad. Terapia Digital retoma esta idea, pero desplaza su énfasis. El descentramiento no surge desde la tensión o el conflicto, sino desde la calma, a partir del ritmo de ondas digitales que invitan a abandonar la lógica de control, entregandose a lo imprevisible.

En sintonía con lo que señala Brea en el texto “Redefinición de las prácticas artísticas” la obra no se define como objeto que se expone, sino como producción de presencia. la experiencia no reside en poseer una imagen, sino de atravesar un tiempo compartido con ella. Brea sostiene que el arte contemporáneo debe adaptarse a nuevas formas de producción y circulación, donde lo que se genera son micro-situaciones y acontecimientos en lugar de sólo piezas fijas. En este marco, la obra se sitúa dentro de esta lógica ya que no busca una narrativa centrada ni un único sentido, sino un espacio-tiempo donde la imagen en movimiento se convierte en un acontecimiento vivo.

En un contexto saturado de estímulos y urgencias, la obra propone un acto de terapia: un flujo que nos recuerda que la belleza también puede ser lenta, que el ritmo digital no siempre tiene que ser vertiginoso y que incluso en la virtualidad puede habitar la calma.

Bibliografía

Bishop, C. (2012). El arte de la instalación y su herencia

Brea, J. (2005). Redefinición de las prácticas artísticas

Mólnar, V. Obra cinética