_viviana Castro, 2025.

Tabula Rasa

Breve descripción (150–200 palabras)

Tabula Rasa, es una obra interactiva que reinterpreta el espíritu de Jean Tinguely desde nuestra época, donde las máquinas que gobiernan la vida cotidiana ya no son motores ni poleas, sino celulares, pantallas y algoritmos. La pieza invita al espectador a soplar sobre el micrófono para activar una máquina que aparece y ese soplido (un gesto simple y vital) hace girar ruedas, mover brazos y encender sonidos de notificaciones y llamadas, como si los teléfonos tuvieran vida propia.

En el paisaje aparece un niño que observa la escena con curiosidad, creando un contraste entre lo humano y lo tecnológico. La obra propone un momento de pausa: respirar, mirar y reflexionar sobre cómo interactuamos hoy con los dispositivos que nos rodean, y cómo ellos también parecen “respirar” a través de nosotros.

Inspirada en la frase del Manifiesto de Tinguely: “Respirad profundamente, vivid el presente” esta pieza traslada esa idea al presente digital. Tabula Rasa nos recuerda que seguimos dando vida a las máquinas, aunque ahora sean digitales y se alimenten de nuestros gestos, nuestra atención y nuestro tiempo.

Desarrollo técnico, estético y conceptual

Esta obra nace del deseo de imaginar como sería un Tinguely niño, en un universo propio de Tabula Rasa, pero ubicado en el presente. No entre engranajes oxidados ni motores de la revolución industrial, sino rodeado de celulares, pantallas, notificaciones y algoritmos. Pensé en el texto Nuevos Mundos, Arte del siglo XX (Münchenesa), y especialmente en dos puntos que se mencionan, uno es el movimiento de futuristas que buscaban combatir la transformación del mundo real que avanzaba dejando atrás el pasado, y planteaban esta idea de “tabula rasa”. Buscaban en esto del pasado/futuro, la idea de reconstruir el pasado en un universo futurista. Por otro lado, otro punto que me insipiró fue una frase del Manifiesto por el Estatismo de 1959 de Tinguely: “Respirad profundamente, vivid el presente”. Quise trasladar esa idea al mundo contemporáneo, donde respirar se vuelve casi un acto de resistencia frente al ruido digital.

La máquina que construyo acá no es mecánica, pero conserva la misma intención: moverse, fallar un poco, depender de quien la mira. Ese gesto de soplar (o cualquier signo de movimiento que le de “vida”) para activarla mezcla lo humano y lo frágil, como si el aire devolviera sentido a un objeto que pareciera tener vida propia. Cuando despierta, no hace sonidos de metal: suenan notificaciones, llamadas y una voz que pide “atiendan sus teléfonos”, pequeñas interrupciones que hoy moldean nuestro día a día.

El niño en primer plano representa a un Tinguely pequeño, en su infancia de Basilea, donde comienza a imaginar sus primeras máquinas.

El niño a su vez representa la mirada limpia, previa al cansancio tecnológico: un recordatorio de cómo observábamos el mundo antes de que las pantallas estructuraran cada gesto cotidiano. Su presencia genera un contraste entre lo humano y lo mecánico, entre la quietud y el movimiento. El cielo violeta y su reflejo construyen un espacio suspendido, un recuerdo posible del pasado, casi un refugio. Todo convive en un paisaje que propone un ritmo más lento, como si la obra misma fuese una pausa dentro del movimiento del mundo.

El gran ojo central sintetiza la idea de vigilancia contemporánea: aquello que siempre observa, registra y organiza la información. No es un ojo humano, ni totalmente mecánico; es un híbrido, símbolo de la presencia constante de dispositivos que moldean nuestra percepción del mundo. Su combinación con engranajes digitales construye un puente entre el pasado analógico y el presente algorítmico.

Me apoyé también en el texto Sobre el Arte Contemporáneo, de César Aira, y en su frase: “la reproducción se vuelve obra y la obra reproducción”. Aquí, cada soplido genera un pequeño relato nuevo: la máquina se activa distinto, suena distinto, gira distinto. La obra no es fija; cambia según la respiración de quien participa.

Tabula Rasa propone un momento de calma y de juego. Una pequeña fábula donde lo humano y lo digital se encuentran, y donde el aire —tan simple y tan esencial— vuelve a ser la fuerza que anima al mundo, aunque sea por un instante. Invita a detenerse, respirar profundo y mirar: a preguntarnos quién anima a quién, si somos nosotros quienes damos vida a las máquinas, o si ellas terminan guiando nuestro ritmo sin que lo advirtamos.

Bibliografía

Munchenesa, 1914-1945. Nuevos Mundos, Artes del siglo XX

Arias, C. (2010). Sobre el Arte Contemporáneo

Tinguely, J. Vida y obras