Valentín Piczman, 2025.

Del individualismo al código como unión

Esta obra interactiva busca ser una analogía digital y visible de la reflexión sobre el arte y la participación. En su estado normal, las partículas esféricas se mueven de forma autónoma y caótica, contenidas en un límite virtual, representando la dispersión y el esfuerzo individual. Cuando el espectador presiona el botón derecho del mouse, la obra pasa al estado de atracción. Las partículas son forzadas a converger hacia un punto central, generando una unión colectiva. Al soltar el mouse, la acción del espectador cesa, y la obra entra en una explosión y posterior regreso a la dispersión. Este ciclo refleja la dialéctica del arte contemporáneo: la necesidad de la acción inmediata y la dificultad de mantener la unión, volviendo siempre al gesto individualista. El código se convierte en la ley que gobierna el comportamiento, donde la interacción es la clave para revelar la naturaleza política del sistema.

Desarrollo técnico, estético y conceptual

Desde que Mauri nos contó esa defensa de tesis que fue casi digna de ser una escena en alguna película de Monty Python, una idea quedó rebotando en mi cabeza. En el último tiempo, creo que desde los 90s, se generó esto de que el espectador tiene que “ser parte” de la obra. Esta necesidad se alimenta de lo que llamamos “Arte Contemporáneo”. César Aira observa que esta etiqueta, aunque “perfectamente absurda”, describe un fenómeno crucial: su despliegue como un “presente permanente”. El arte actual ha anulado el tiempo, demandando que la experiencia sea inmediata. La obra exige que el espectador entre en ella de inmediato, en el aquí y ahora. A medida que la tecnología mejora, la obra de arte se vuelve menos reproducible, obligando a la presencia y a la interacción “real”. La obra es ahora un acontecimiento que se pierde si no se vive. Esta condición es algo propio de la modernidad. Christiane Fricke señala cómo la tecnología, especialmente en los noventas, se centró en la “interacción en el espacio virtual”, con instalaciones que desafiaban al espectador a una participación física y a tomar decisiones en un entorno artificial. La tecnología no solo facilitó la interacción, sino que la canonizó: si la obra es software (como sugiere Inke Arns), el espectador se convierte en una función indispensable. Creo que se desvalorizó mucho el proceso de hacerla, haciendo que lo más importante pase a ser cómo el espectador puede jugar con la obra. Es en este momento donde el legado de Marcel Duchamp entra en valor. Aira sostiene que el artista contemporáneo es quien agrega una “pequeña fracción de 0,01%” al 99,9% existente. El gesto fundacional ya fue realizado. Los cimientos ya están puestos. ¿Qué es el arte? ¿o ser artista? ¿Hay algo que haga que una obra sea efectivamente una obra? Si la obra no puede sostenerse sin el “discurso sobre la obra”, entonces el valor no reside en la técnica o la maestría artesanal que se requirió, sino en la mínima variación conceptual que el artista contemporáneo puede agregar. El problema, entonces, no es solo el espectador, sino que el artista, sintiéndose forzado a operar en ese 0,01% restante, pareciera estar queriendo “reinventar la rueda” en vez de aprovechar ese inmenso 99,9% ya cubierto y usarlo como una base firme para hacer obra colectiva. El arte actual opera en esa “constelación de excepcionalidades provisorias y parciales” que Aira describe. Cada artista insiste en su mínima y solitaria reinvención, por miedo a la angustia de la influencia, o quizás por la presión del mercado de la novedad. Capaz el problema es que, en la búsqueda de ser el genio que se desplaza en ese pequeño margen, siempre uno busca reinventar la rueda en vez de aprovechar lo que ya existe. Se nos ha permitido una “amplitud de maniobras nunca vista”, pero la usamos para atomizar el esfuerzo en gestos individuales y minimalistas, en lugar de para construir colaborativamente sobre el cimiento de los grandes gestos del pasado. La acción del espectador, irónicamente, se convierte en la excusa perfecta para ocultar la quietud del debate en ese minúsculo margen.

Bibliografía

  • AIRA, César. (2013, 2016). “Sobre el arte contemporáneo” en Sobre el arte contemporáneo. Buenos Aires: Literatura Random House, pp. 11-56. (DAA: 1:02m)
  • FRICKE, Christiane. (1999). “Nuevos Medios”. En “AAVV. Arte de siglo XX. Vol. II. München: Taschen. pp.576-590.
  • ARNS, Inke. (2005). “El código como acto de habla performativo”. En Revista Artnodes, Julio de 2005, ISSN 1695-5951