Tomás Romero, 2025.

Hastio

La obra consiste en una repetición continua de formas geometricas tridimensionales primitivas alineadas en fila, ocupando todo el espacio sobre un fondo negro, mientras cada una rota sobre su propio eje.

Desarrollo técnico, estético y conceptual

El desarrollo técnico de la pieza se fundamenta en la construcción deliberada de una sensación de repetición y hastio. Para lograr este efecto, dispuse las primitivas 3D en largas filas que ocupan por completo el espacio visual, creando un patrón ininterrumpido que refuerza la idea de monotonía. El fondo negro funciona como un vacío neutral que intensifica la presencia mecánica de las formas y elimina cualquier distracción que pudiera suavizar la experiencia perceptiva del espectador. El sonido monótono a partir de un pitido sin variación, complementa esta atmósfera repetitiva al introducir un componente auditivo que insiste en la misma lógica del desgaste y la saturación sensorial. A ello se suma la estética de neón, empleada de manera intencional para generar un contraste frío y artificial. Sus brillos rígidos evocan ambientes urbanos nocturnos donde la repetición visual y sonora se convierte en una condición cotidiana.

Mi obra puede entenderse como un ejemplo de software ilocutivo porque la repetición insistente de formas no solo representa el cansancio, sino que lo ejecuta directamente en la experiencia del espectador. La acumulación visual funciona como un mandato silencioso: obliga a intentar modificar el patrón, a buscar un cambio que nunca llega, revelando así la impotencia del usuario frente a un sistema cerrado. Al mismo tiempo, la pieza también opera de manera perlocutiva, ya que la interacción constante con el entorno sonoro y visual genera efectos posteriores en quien la experimenta. Es muy probable que el sonido, persistente y uniforme, termine erosionando la paciencia del espectador, provocando incomodidad, irritación o incluso rechazo.

Este enfoque se inscribe en una comprensión contemporánea del software que no se limita a su capacidad técnica para producir objetos o imágenes, sino que atiende a su performatividad. Siguiendo a J. L. Austin, la teoría de los actos de habla nos recuerda que el lenguaje —y, por extensión, el código— no solo describe el mundo, sino que también lo transforma. Austin distingue tres tipos de actos: los locutivos, que se refieren al contenido proposicional; los ilocutivos, en los que el acto se realiza al decir algo; y los perlocutivos, que generan efectos posteriores, como persuadir o provocar.

Bibliografía

ARNS, Inke. (2005). “El código como acto de habla performativo”. En Revista Artnodes, Julio de 2005