Lisandro Garreton Windecker, 2025.

Fragilidad de la Calma y la Locura

Es una obra interactiva que se construye sobre la tensión entre serenidad y ansiedad, donde el espectador se convierte en agente de un ciclo emocional inevitable. En su estado inicial, el cubo blanco con bordes negros gira lentamente en un espacio azul oscuro iluminado por una luz cálida, evocando la calma y la estabilidad. Sin embargo, frente a él existe un botón rojo: un gesto mínimo que, al ser presionado, desencadena un proceso de transformación. El cubo acelera su rotación, la cámara comienza a temblar progresivamente, la luz se intensifica y los colores cálidos rojo, naranja, amarillo se suceden frenéticamente, representando la ira, la ansiedad y la falta de control. El espectador no puede detener el caos de inmediato: debe atravesar un mínimo de tiempo antes de que el botón reaparezca para devolverlo a la calma. La obra convierte la experiencia en un ciclo performativo donde el botón es el interruptor que revela nuestra relación con el control, y donde la calma y la locura no son representadas, sino ejecutadas en tiempo real.

Desarrollo técnico, estético y conceptual

La obra se concibe desde la perspectiva de Inke Arns, quien entiende el código como un acto de habla performativo. En este sentido, “Entre la calma y la locura” no representa emociones: las produce. El botón rojo es el gesto mínimo que activa el acontecimiento, el acto de habla digital que transforma el espacio y obliga al espectador a atravesar un ciclo emocional. La calma inicial el cubo blanco, lento, estable, iluminado suavemente es un estado de orden que parece seguro, pero que siempre está a un click de desbordarse. Al presionar el botón, el código ejecuta la locura: la cámara tiembla como un terremoto, la luz se intensifica hasta saturar, y los colores cálidos del cubo se suceden en sincronía con la aceleración de su rotación. La ansiedad se materializa en la progresión misma: el espectador no puede detenerla de inmediato, debe soportar el caos antes de recuperar la calma.

Estéticamente, la obra se apoya en la simplicidad geométrica del cubo y en la fuerza expresiva del color y la luz. Conceptualmente, se inscribe en la visión de Arns: el arte digital no es un espejo de emociones, sino un dispositivo que las ejecuta en tiempo real. El botón es nuestro interruptor existencial: el que enciende y apaga, pero también el que revela la fragilidad del control. Creemos dominar la máquina, pero en realidad ella nos obliga a experimentar el descontrol antes de devolvernos la calma. La obra se convierte así en metáfora de la condición contemporánea: vivimos entre momentos de serenidad y saturación, y cada gesto mínimo puede desencadenar un mundo entero de caos.

En síntesis, “Fragilidad la calma y la locura” es una obra que conecta directamente con la teoría de Arns, mostrando cómo el código puede ser un lenguaje para producir emociones en acto. La calma y la locura no son estados representados, sino procesos ejecutados, donde el espectador participa activamente y descubre que el control es siempre frágil, siempre provisional.

Bibliografía ARNS, Inke. (2005). “El código como acto de habla performativo”. En Revista Artnodes, Julio de 2005.