El Crítico
Mercedes Velazquez, 2025.
El Crítico
La obra presenta un monitor tridimensional donde aparecen imágenes creadas por mí. Cada una surge con una luz cálida que le da un momento de presencia directa. Ese instante inicial funciona como el punto en el que la imagen existe sin explicaciones ni mediaciones. Después, la escena cambia con la llegada del Crítico, una figura que altera el clima y provoca que la imagen pierda intensidad hasta desaparecer. Me interesa trabajar esa secuencia porque permite pensar cómo una obra puede debilitarse cuando una mirada externa intenta fijarla o reducirla a lo que se puede decir de ella. La pieza retoma ideas de Aira sobre el Enemigo del arte contemporáneo, esa figura que cuestiona la autonomía de la obra y la convierte en objeto de un discurso que la aplana.
Desarrollo técnico, estético y conceptual
La idea de esta pieza surge de mi lectura de Aira y de la figura del Enemigo del arte contemporáneo que presenta en Sobre arte contemporáneo: “[…] el argumento central que exhibe el Enemigo del Arte Contemporáneo, es que hoy en día la obra de arte no se sostiene sin el discurso que la envuelve y justifica. No «habla por sí misma» sino que necesita de ventrílocuos avezados, por lo general críticos o curadores.” Me interesó la manera en que describe ese enemigo que cuestiona la legitimidad de la obra y la reduce a lo que puede decirse de ella. Una mirada que simplifica, que encierra a la obra en un discurso, la aplana. Aira plantea que este Enemigo transforma cualquier obra contemporánea en una ocasión para la ironía, un lugar donde la descripción sardónica reemplaza la experiencia directa ya que “casi cualquier obra del Arte Contemporáneo, sacada de su contexto, de su historia, de la explicación que la envuelve, se presta a una descripción sardónica.” Y cómo paradójicamente la existencia de este Enemigo es la que en algún punto impulsa al arte contemporáneo y su funcionamiento. Su rechazo y su agresividad no lo colocan por fuera del sistema, sino que lo incorporan a él. Lo que me interesó no fue el juicio del Enemigo, sino el mecanismo de reducción que este produce. A partir de ahí construí al Crítico: una figura que altera la presencia de la imagen. En la pieza, ese mecanismo aparece representado en la escena propuesta. Las imágenes surgen dentro del monitor con una luz cálida y cierta estabilidad inicial. Ese momento se mantiene solo unos segundos, hasta que entra el Crítico. Su presencia modifica el clima y la imagen empieza a debilitarse hasta desaparecer por completo. Me interesaba trabajar esa degradación progresiva porque permite pensar cómo una obra puede perder espesor cuando una mirada externa empieza a recortarla y a exigirle mayor claridad o justificación. Al mismo tiempo, trabajé la pieza desde una perspectiva que tomé de Inke Arns. Me interesa su idea de que el software no es un medio neutro, sino un material que produce efectos y que moldea la forma en que una obra existe. Lo digital como un entorno con su propia lógica, donde procesos internos determinan cómo aparece y cómo desaparece lo que vemos. Incorporé esto pensando que el sistema mismo podía convertirse en parte de la escena. El Crítico no funciona únicamente como concepto sino que también es una acción de la escena que avanza, altera y modifica la imagen. Su llegada opera como un evento que la afecta desde adentro. El monitor tridimensional funciona como un contenedor de estos dos planos: la aparición pura de la imagen y la intervención que la modifica. Un sistema cíclico donde cada imagen que aparece es invadida hasta reducirse. La obra muestra ese punto donde lo sensible convive con el riesgo de ser reducido.
Bibliografía
-AIRA, César. (2013, 2016). “Sobre el arte contemporáneo” en Sobre el arte contemporáneo. Buenos Aires: Literatura Random House, pp. 11-56. -ARNS, Inke. (2005). “El código como acto de habla performativo”. En Revista Artnodes, Julio de 2005, ISSN 1695-5951.