Desprogamación
Luana Gonzalez, 2025.
Desprogramación
La elección del dominó virtual en la obra como metáfora surge de “2001: Odisea del Espacio” de Stanley Kubrick. Específicamente de la secuencia donde Dave Bowman desprograma progresivamente a la inteligencia artificial HAL 9000, revelando su esencia más allá de su código. Cada pieza, aparentemente sólida, encarna las microtendencias culturales: emergen, fluctúan y finalmente colapsan o se desvanecen, afectando lo que nos rodea. Lo que nos hace plantearnos una re-redefinición de la existencia.
Desarrollo técnico, estético y conceptual
Mi obra se sumerge en una reflexión sobre las derivaciones contemporáneas de las sociedades del capitalismo (in)culturales de Brea. El advierte que, aunque se las denomine “sociedades del conocimiento” o “del capitalismo cultural”, su verdadera constitución radica en la “consagración exaltada (….) de la ignorancia”, señalando una cultura superficial y vacía. Partiendo de esta premisa, podemos observar un síntoma predominante actual: la “suprema excelencia” -una estética rebuscada que solo persigue estándares hegemónicos impuestos por el social media en pos de un beneficio material-, la presión actual por la producción y validación artística emana de lo banal. Esto impulsa el auge de microtendencias, flujos efímeros que, al generar necesidades superficiales, se convierten en vías rápidas para la ganancia económica. En este contexto, la noción breana del “artista como productor y la obra como producción” adquiere particular resonancia. El arte se concibe como un producto transable, cuya generación responde a la presión por una “perfección banal” (una pulcritud técnica adherida a cánones estéticos preestablecidos) que vacia la obra de su contenido más profundo. La técnica deja de ser un fin en sí mismo para servir a la lógica de la producción masiva. Esta búsqueda de validación para “entrar en el mercado o mismo ser mercancía” con el acceso a un “nicho elitista” constituyen un motor perverso en el sistema del arte contemporáneo, imprimiendo en el inconsciente colectivo un ciclo donde la autenticidad es eclipsada. Tanto la “suprema excelencia” como la “perfección banal y la auto-mercantilización configuran la enfermedad de las “sociedades del capitalismo inconscientes”, reinterpretando la (in)culturalidad breana. Si el arte que se produce en masa o bajo las lógicas del mercado carece de autenticidad o profundidad, ¿qué tipo de imaginario colectivo se está construyendo? ¿Estamos colonizando nuestro inconsciente con información y “arte” superficial y estandarizado? En este contexto corremos el riesgo de despojarnos de aquello que nos hace conectar con lo real. Es decir, perdemos la capacidad de transitar ese pasaje vital del inconsciente al consciente. Estamos siendo “programados” para consumir y producir sin cuestionar las lógicas subyacentes, perpetuando un ciclo de superficialidad y ceguera ante nuestra propia instrumentalización. Dicho esto, entonces se podría argumentar que la sociedad en su conjunto ha desarrollado un tipo de “ego colectivo”. Cuando hablo de “ego colectivo” no me refiero al ego individual de cada uno como artista, si no a una especie de identidad social construida en base a estos valores y una autoimagen programada por el consumo. Frente a este panorama se hace imperativa la disolución de un ego colectivo. Aquí, el caos emerge como herramienta fundamental. Entendido como un clinamen, un quiebre imprevisto que altera la inercia impuesta, el caos no es fuerza destructiva, sino un acto liberador, una “desprogramación”.
Bibliografía BREA, José Luis. (2008). “Redefinición de las prácticas artísticas (s. 21) BREA, José Luis. (2002). “Breve (y desordenado) antiglosario –o diccionario de tópicos- sobre el arte electrónico” en La era postmedia.