Caos + Orden = Vida
Angel Marcelo Jimenez, 2025.
Caos + Orden = Vida
La obra propone una exploración visual en torno a la tensión entre el orden y el caos. A través de una cuadrícula de figuras geométricas que se comportan de manera ligeramente inestable, se construye una imagen en constante cambio, donde cada forma sufre modificaciones sutiles en su posición, tamaño, rotación y tono. Estas variaciones no son arbitrarias: surgen del uso de ruido Perlin, una forma de “azar suave” que genera continuidad y coherencia en la transformación.
Inspirada en el pensamiento de Vera Molnár, pionera en el arte generativo, la obra utiliza el lenguaje algorítmico como medio expresivo. Tal como señala Brea (2008), “el arte contemporáneo ya no se agota en la producción de objetos, sino en la activación de procesos en los que la obra se constituye como un campo abierto de significación”. En este sentido, la imagen final nunca es fija, pero siempre está estructurada: se genera un equilibrio entre el control y la inestabilidad, evocando la lógica matemática, pero también la sensibilidad estética de lo incompleto, lo imperfecto o lo incierto.
Desarrollo técnico, estético y conceptual
La obra se compone de una cuadrícula de 16 × 16 cuadrados que, mediante el uso de ruido Perlin tridimensional, presenta pequeñas perturbaciones en cuatro aspectos: posición, rotación, tamaño y tonalidad. El resultado es una imagen dinámica, donde la estructura general se mantiene, pero sus elementos internos vibran, oscilan y mutan con continuidad.
El código implementa el ruido Perlin como herramienta central para generar pequeñas variaciones. A diferencia del azar puro (random), este tipo de ruido produce cambios coherentes y progresivos, que simulan fenómenos naturales o fluidos. Brea (2002) define estas operaciones como propias del arte electrónico, capaz de “producir entornos en los que la variación y la diferencia no son anomalías, sino el motor mismo de la experiencia estética”. En este sentido, la máquina actúa como un colaborador en la composición, estableciendo un diálogo entre la intención humana y la autonomía de los procesos algorítmicos.
La línea conceptual se construye a partir de la noción de “ruptura del sistema” propuesta por Vera Molnár, entendida como el uso consciente de desviaciones controladas para generar nuevos significados. Esta idea encuentra eco en lo planteado por Brea (2008), para quien “el arte actual trabaja en una tensión productiva entre el orden normativo y la irrupción de lo inesperado”. Así, la obra no busca eliminar el error, sino incorporarlo como elemento generador de forma y sentido.
En síntesis, la obra busca materializar la idea de un orden sensible: una estructura visual que, lejos de ser estática o perfecta, está viva, respirando a través de pequeñas desviaciones sistemáticas. Esto se vincula con la afirmación de Brea (2002) de que “en la era postmedia, las obras no son productos cerrados, sino sistemas abiertos en permanente reformulación”. De este modo, la propuesta se presenta como un homenaje a Molnár, pero también como una actualización de los debates sobre el rol del arte generativo en el contexto de la cultura digital contemporánea.
Bibliografía
BREA, José Luis. (2008). “Redefinición de las prácticas artísticas (s. 21)” en El tercer umbral. Estatuto de las prácticas artísticas en la era del capitalismo cultural. Murcia: CENDEAC, pp. 106-113.
BREA, José Luis. (2002). “Breve (y desordenado) antiglosario –o diccionario de tópicos- sobre el arte electrónico” en La era postmedia. Acción comunicativa, prácticas (post)artísticas y dispositivos neomediales. Salamanca: CASA Editorial, pp. 4-8.