Ludmila Tejada, 2025.

Aleph

Aleph, nombre dado por Inke Arns cuando dice que “La palabra Aleph representa a Dios, o más genéricamente el poder creativo”, es una experiencia visual e interactiva que combina estética digital, performatividad y contemplación poética. Inspirada en la idea de una naturaleza espiritual, la obra propone un espacio tridimensional flotante, donde esferas texturizadas y figuras geométricas rebotan y trazan huellas de luz sobre un fondo que nunca se detiene. Cada interacción del usuario genera una nueva composición, dando lugar a un proceso visual impredecible y autónomo.

La atmósfera sonora, junto con los tonos turquesa, celestes y azules, intentan aludir a la sensación de inmersión en un entorno que equilibra tecnología y naturaleza, lo digital y lo orgánico. La eliminación del fondo permite que las estelas de movimiento permanezcan, sugiriendo energía, tiempo y transformación: una pintura dinámica que se construye desde el azar controlado.

Desarrollo técnico, estético y conceptual

Aleph, nombre dado por Inke Arns cuando dice que “La palabra Aleph representa a Dios, o más genéricamente el poder creativo”, es una experiencia visual e interactiva que combina estética digital, performatividad y contemplación poética. Inspirada en la idea de una naturaleza espiritual, la obra propone un espacio tridimensional flotante, donde esferas texturizadas y figuras geométricas rebotan y trazan huellas de luz sobre un fondo que nunca se detiene. Cada interacción del usuario genera una nueva composición, dando lugar a un proceso visual impredecible y autónomo.

La atmósfera sonora, junto con los tonos turquesa, celestes y azules, intentan aludir a la sensación de inmersión en un entorno que equilibra tecnología y naturaleza, lo digital y lo orgánico. La eliminación del fondo permite que las estelas de movimiento permanezcan, sugiriendo energía, tiempo y transformación: una pintura dinámica que se construye desde el azar controlado.

Vínculos teóricos:

La obra se inscribe en la línea del arte generativo y el arte software. Según Inke Arns, el código puede entenderse como un acto de habla performativo: “El código no sólo representa algo, sino que genera de forma performativa exactamente lo que designa” Mi obra no se limita a producir imágenes, sino que actúa en tiempo real, ejecutando acciones que transforman el lienzo y lo convierten en un organismo visual autónomo. Cada instrucción se vuelve un gesto creativo que afecta directamente al entorno digital: lo dicho se convierte en hecho, como señala Arns al referirse al carácter performativo del código.

Asimismo, la referencia al Aleph enlaza con la idea de que las letras o signos poseen fuerza generativa. Esta relación entre palabra, código y creación se traduce en un espacio visual donde cada línea de código generan movimiento, forma y sonido. En el plano estético, desde esta perspectiva, la propuesta retoma aspectos del Romanticismo, como la búsqueda de lo sublime, la unión entre ser humano y naturaleza, y el asombro frente a lo desconocido, rasgos que se pueden vincular con autores como Caspar David Friedrich, cuya pintura expresaba una contemplación interior del universo.

A nivel conceptual, la pieza también dialoga con ideas de Nicolás Casullo sobre la modernidad ilustrada y su crítica romántica, donde la experiencia estética se propone como un modo de conocimiento y reencuentro con lo sensible. En contraste con la lógica racional y mecánica, la obra busca reencantar la mirada hacia el cosmos, situando al espectador en un espacio donde lo tecnológico no niega la espiritualidad.

Referente contemporáneo:

Como referente contemporáneo, la banda Starset influyó en la dimensión sonora y visual de la obra. Su estética espacial y melancólica plantea una relación entre ciencia, emoción y trascendencia, lo que resuena en el espíritu del proyecto.

En conjunto, Aleph se propone como una obra de arte software performativo, donde el código no sólo ejecuta una función, sino que se vuelve acto, palabra creadora y energía visual. Cada interacción del usuario (al mover, limpiar o volver a dibujar el espacio) reitera el gesto de la creación: un universo digital que se rehace con cada movimiento, revelando la potencia poética del lenguaje de la programación.

Bibliografía

Arns, Inke. (2005). El código como acto de habla performativo. Artnodes, UOC.

Casullo, Nicolás. (2003). La modernidad ilustrada. Buenos Aires: Paidós.

Starset. (2017). Vessels-Álbum. Razor & Tie.