Entre dos Fuegos
En “Entre dos Fuegos” Galanter relaciona al tiempo y al arte generativo como sistemas complejos, donde el orden y el caos se equilibran. “Estos sistemas complejos evolucionan muchas veces hacia formas dramáticas, fecundas o catastróficas, incluso de un modo tan impredecible que pueden llegar a parecer aleatorios”
La “aleatoriedad” del tiempo y el transcurso del día nos resultan incontrolables. A veces el tiempo y nuestras ansias se desencuentran. Buscamos a través de la ventana la compañía del sol, la lluvia o simplemente el paso del día. A través del código buscó el encuentro de ese deseo y el tiempo. Una ventana virtual que, por un momento, nos transporta a donde quisiéramos estar. “No hay acciones espectaculares, ni principio, ni final. Lo que ocurra dependerá totalmente de la intervención y las decisiones” (Shaw, Groeneveld, 1989 “Legible City”)
Inke Arns escribe sobre la dimensión performativa del código y como este se asemeja a las expresiones lingüísticas. Ambas describen situaciones y también se utilizan para realizar actos, la efectividad del lenguaje no se mide por lo que desencadené, sino que por el lenguaje mismo “Aquí es precisamente donde la teoría de los actos de habla se relaciona con la supuesta performatividad del código: «[cuando] una palabra no sólo significa algo, sino que genera de forma performativa exactamente lo que su significado designa».” (Arns I. 2005. El código como acto de habla performativo). No importa las interacciones que realice el usuario, si llueva o no, sea de día o de noche, o no haya interacción alguna, el código seguirá siendo performativo.
Esta Ventana virtual surge como una continuación al primer código que realice. Una intervención a un cuadro de Paul Klee (Tres Casas) dónde el usuario podía controlar el transcurso del día. Quería tomar ese concepto y complejizarlo , ahora el usuario podría, no solo “controlar” el día y la noche, sino que también el clima a través de una ventana. Tras pensar posibles composiciones y buscar referencias, encontré “La Caída de la Tarde” (René Magritte, 1964). Realicé modificaciones para sintetizar las formas y colores, buscando una estética menos realista, pero que siga proyectando una imagen onírica.