III Jornadas "Imaginarios Urbanos"
CEHCAU - FADU - UBA
14, 15 y 16 de septiembre de 2000
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Geometría y nomenclatura en la imagen del espacio urbano: la calle

Arq. Alberto Nicolini 1

 

La calle es un tema urbano esencial y el abordaje de la cuestión de su imagen puede -y debe- hacerse desde múltiples aproximaciones. Pero hoy y aquí, queremos referirnos a dos de ellas, a dos de los aspectos más obvios de la calle: a su realidad física y a su nomenclatura o, para decirlo de otro modo: a la forma que los hombres le dieron, cotejada con el nombre genérico que, ellos también, le dieron.

1. De la Forma
Para un hispanoamericano, la ciudad europea presenta una imagen muy compleja, rica, fascinante. Para un europeo, la ciudad hispanoamericana parece reiterativa, monótona, aburrida; y es que la cuadrícula regular plantea una previsible, inevitable, manera de caminar y de acercarse a los monumentos, sin descubrimientos ni sorpresas. En cambio, la compleja estructura vial de la ciudad europea de origen medieval hace inédito cada nuevo metro de recorrido y, mediante los cambios permanentes de perspectivas, ofrece una aproximación gradual a sus propios monumentos por medio de una constante acumulación de novedades perceptuales.

Es sabido que, desde el siglo XVI, a partir de la reforma de Roma en tiempos de Paolo III (1534-49) y Sixto V (1585-1590), la ciudad europea adicionó al tradicional modo de aproximación, a través de la calle irregular, el invento de la avenida con su visión recta y prolongada que remata en el monumento. La avenida es el fuerte vector que señala al monumento como en Santa María Maggiore desde la via Sistina-Quattro Fontane y hasta desde la via Merulana, aún en forma oblicua 2. La famosa versión, según el grabado de Bordino, del plano de la reforma romana de Domenico Fontana deja en claro cuál es la nueva imagen dinámica y monumental que se tiene de la ciudad futura 3. Esta revolución del espacio urbano europeo fue eludida o ignorada en la ciudad hispanoamericana siempre apegada a su cuadrícula, en la cual una calle nunca desemboca en un gran volumen edificado, sino que se prolonga hasta el infinito, en principio, sin obstáculos. Este infinito, ¿es el resultado de una operación espacial o, más bien, la consecuencia de una distribución pragmática de la tierra ?

En la segunda mitad del siglo XIX, la avenida rematando en el monumento tampoco fue incorporada más que fragmentariamente en algunas de las reformas cumplidas en las ciudades hispanoamericanas. Uno de esos casos excepcionales y notorios, seguidores de la París haussmaniana, fue la apertura de la Avenida de Mayo en Buenos Aires 4. En las ciudades nuevas de la Argentina, la modélica La Plata (1882) planteará un eje de monumentos flanqueado por boulevards que, como en las cuadrículas del siglo XVI, no encuentran su conclusión en monumentos. No tienen conclusión, pero no se trata del infinito barroco, ni tampoco es clásico el modo empírico de situar los edificios en la red viaria que resulta en una percepción en escorzo.

En cambio, en el proyecto de Bello Horizonte (1893), en el diferente mundo brasileño, se aplicará la composición avenida-monumento, de manera afín al modelo de Washington, colocando el "Palacio Presidencial" en el centro de un asterisco de cinco avenidas y la "Municipalidade" y un "Templo" como monumentos en pleno eje del trayecto de la Avenida Amazonas 5. Una curiosidad adicional: Brasilia, en 1950, se prestigia -como setenta años antes La Plata-, con un eje monumental ocupado por edificios singulares y flanqueados por avenidas, no con un eje vial culminando en los monumentos.

2. De la nomenclatura
Por otro lado, la nomenclatura urbana hispanoamericana enumera calles, plazas, avenidas, paseos, algunos pasajes y nada más; excepcionalmente galerías, como en la notable red de Santiago de Chile. Además, en algunas ciudades hispanoamericanas y aún norteamericanas, el anonimato geométrico que iguala formas y dimensiones se refuerza por una designación tan abstracta como
pudo ser la secuencia numérica 6. Desde luego, esta última situación tiene su explicación en el hecho mismo de la fundación ex novo que prefirió estructuras viales de una extrema regularidad.

En cambio, la nomenclatura de una ciudad de estructura compleja y de crecimiento irregular de origen medieval modificada, como es el caso de Londres, muestra una gran riqueza y variedad de apelativos genéricos que es correlativa de la acumulación de innumerables espacios diversos, circulaciones y monumentos, re-estructurados luego por las operaciones de diseño urbano que se intentaron con el plan de Christopher Wren luego el incendio de 1666 y se comenzaron a concretar a mediados del s. XVIII. La complejidad física está bien acompañada en esta ciudad por la antigua nomenclatura que perdura y que nos sugiere una gran variedad de espacios viales, clasificados tanto por su forma y sus dimensiones, como por la topografía y su función y hasta por las características de propiedad. La mera circulación se denomina road, o street; según las dimensiones, si son anchas tenemos: avenue, broadway y boulevard; y si son estrechas: alley, lane, little o passage; según como concluyan pueden ser close, approach, cross o drive; según sean sus bordes: arcade, grove, enbankment, mews, terrace, según la geometría: circus, circle, crescent, junction; según su función: parade, place, walk; según la topografía: vale, lower y, según la propiedad: common. Sus significados precisos son variados, pero quizá la más curiosa es mews, que significa calle bordeada por antiguas caballerizas. Una pregunta surge de todo esto: hasta qué punto el nombre genérico no sólo describe unas características peculiares, sino que desafía y aguza el imaginario del londinense que quizá conoce los antiguos significados. Desde luego, la adición del nombre propio aumenta la carga significativa que puede tener un significado con fundamento histórico: Fleet Street es una calle, pero ¿de qué flota?

Finalmente otro caso: la ciudad de Venecia, la más peculiar entre las ciudades italianas por su sistema vial, a partir de sus calles-canales. Pero ahora nos interesa señalar sólo la nomenclatura de sus peatonales cuyos apelativos, todos ellos genéricos, merecerían un examen atento en cuanto a su significado: calle -así escrito a la española-, calle larga, calle lunga, riva, fondamenta, salizzada, barbaria, borgoloco, crosera...

3. De la nomenclatura de nuestras ciudades
Si volvemos ahora a nuestras ciudades hispanoamericanas, podemos agregar a lo ya dicho que no sólo la uniformidad física y la nomenclatura des-individualizada ha hecho menos atractivas a nuestras calles, sino que, en muchos casos, ha tendido a desaparecer la nomenclatura original y los nombres específicos vinculados a situaciones, hechos o personajes históricos locales. Estos nombres, en las sucesivas revoluciones o cambios ideológicos fueron reemplazados por la invasión periódica de nuevos "próceres" cuyos nombres se fueron imponiendo tomando el lugar de los antiguos y procediendo con ello a borrar trozos de memoria colectiva 7.

Este es el punto al que queríamos llegar para proponer acciones que comiencen a detener y revertir la práctica de valorar comparativamente el significado del nombre antiguo con el que se quiere imponer; este último siempre es el de un "prócer" que responde a la ideología del que valora, con lo cual ya se sabe cómo termina la comparación. El factor que no suele hace entrar en juego es el peso que el tiempo le ha otorgado a los nombres originales en la memoria colectiva, por ejemplo, en la ciudad de Buenos Aires lo que ha ocurrido con los ya desaparecidos Canning o Cangallo. La investigación histórica será muy útil en esta cuestión ayudando a explicar el porqué de ciertos nombres específicos y su significado original. En segundo lugar, puede investigarse el significado que el tiempo le ha otorgado al nombre en la memoria colectiva de sus vecinos y concluir afirmando la necesidad de respetar lo que el nombrador original eligió y ya es memoria.

Pero además, no sólo el nombre específico ha desaparecido sino también el genérico; ejemplos de ello son el olvido de las antiguas rondas y los antiguos boulevards, como se llamaron de manera genérica dos tipos de vías fundamentales en la historia urbana de Hispanoamérica. No sería ardua, por ejemplo, la investigación que permita la recuperación de la memoria de la localización de las antiguas rondas fundacionales del siglo XVI, cuyos nombres se perdieron. Entonces, como en Sevilla la Ronda Capuchinos o en Barcelona la ronda de Sant Antoni, recuerdos de las antiguas murallas, podríamos tener en Buenos Aires -recuerdos de la traza de Juan de Garay-, la Ronda Viamonte, la Ronda Cerrito y la Ronda Lima y hasta la Ronda Independencia que, al menos por su ancho, conserva la jerarquía de vía especial, como en 1580. De manera similar, en Salta, pueden identificarse las rondas de 1583 en las actuales calles Urquiza y Santa Fe y en las Avenidas Sarmiento y Belgrano, a lo que puede agregarse que esta última sería una "ronda-tagarete", ya que tiene su trazado irregular debido al curso del tagarete que reforzaba el límite defensivo al norte constituido por la ronda. El caso de Tucumán es también notable porque las cuatro rondas originales son hoy el límite que marca el ensanche de mediados del siglo XIX; tienen el ancho mayor que las caracterizó y son utilizadas como vías de circulación rápida merced al moderno sistema de onda verde basado en semáforos. Estas cuatro antiguas rondas señalan, de la manera más evidente en el paisaje urbano, el límite entre la ciudad de españoles de 1685 y el ensanche de tres siglos después. Hasta en Cafayate, hoy es posible distinguir con claridad el antiguo cinturón de rondas de la fundación de 1840.

Es que, si bien nuestras ciudades han perdido mucho de la configuración original en su paisaje urbano, las trazas, a las que no siempre sabemos leer, pueden ser, en cambio, una fuente de recuperación histórica que está esperando ser descifrada. He aquí una tarea posible.

 


Notas a pie de página

1 Universidad Nacional de Tucumán. Volver

2 Es un espacio dinamizado hasta un límite franqueable, manierista, como en una perspectiva de Titoretto. Volver

3 Reforma viaria de Paolo III (1534-49): entre otras, via del Corso, via del Babuino y via del Condoti. Entre 1555 y 1585: via Pia ( xx septiembre), via Merulana. Entre 1585 y 1590 el papa Sixto V encarga el plano urbanistico a Domenico Fontana:"...le dette strade da un capo all' altro della città, nulla curando i monti e le valli..." 1) via Sixtina (Strada Felice), 2) via Pia ristrutturata; 3) via Santa Croce in Gerusalemme, 4) via Merulana ristrutturata, 5) Stradone San Giovanni, 6) via Panisperma. Volver

4 Radovanovic, Elisa, "Transformaciones urbanas en Buenos Aires. La Avenida de Mayo". InéditoBarreto, Abilio, "Bello Horizonte. Memoria Historica e Descriptiva". Livraria Rex. Bello Horizonte, 1936. Volver

5 Es el caso de La Plata y de Nueva York, en las cuales es obvio que "avenida siete" o "fifth avenue" no pueden competir en poder evocativo con "Avenue des Champs Elysées" o "Charing Cross", por ejemplo. Volver

6 Hay excepciones y pueden ejemplificarse: La Habana vieja conserva nombres específicos tan inocentes como Sol, Luz o Aguacate, otros relacionados con actividades como Mercaderes y Oficios y muchos tan clericales como Jesús María, San Ignacio, Santa Clara o Inquisidor, sin que a Fidel Castro se le hubiera ocurrido modificarlos, reemplazando, por ejemplo, a Inquisidor por Pioneros. Volver

 

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