Presentación de la obra

Distorisón

Artista: Victoria González

Distorsión explora el agotamiento y la alteración de la percepción corporal causados por la hiperconexión y la aceleración del tiempo inmaterial contemporáneo. A través de una figura humana y un rostro que pierden su eje, la obra utiliza el movimiento veloz de vectores que deforman el trazo en tiempo real para representar la hiperestimulación y la ansiedad. Este dinamismo contrasta con un fondo que va ralentizando y que provoca cierta impaciencia, buscando invitar a la presencia activa frente a la inercia del flujo constante de datos.

Desarrollo técnico, estético y conceptual

Me pregunto, ¿a dónde nos llevará esta marea de estímulos que exige presencia constante y nos arrastra lentamente a un tiempo que ya no conoce espesor? Esta obra surge desde una grieta en mi día a día: Existir y vivenciar el hoy en un cuerpo que intenta procesar una velocidad que supera por creces su capacidad sensible. Habitar la contemporaneidad se convirtió en una carrera invisible, expuestos constantemente a eventos que no le dan lugar a la pausa y transforman las horas en un estado que va desde la alerta hasta la desconexión absoluta. Resulta inevitable volver a Paul Valéry en “La conquista de la ubicuidad”. Valéry advierte sobre cómo los estímulos sensibles terminarían convirtiéndose en algo tan accesible y naturalizado como lo son los servicios de agua y luz. Esta omnipresencia, que no solo existe en la época sino que también se exige, nos lleva a una distorsión en la percepción de las cosas y en el propio cuerpo. Conceptos como «Realidad Sensible a domicilio» ya no son ajenos: se han consumado y son, de hecho, nuestra realidad ahora.

Observamos que esta aceleración alcanza incluso a la capacidad de nombrar las cosas. Como señala José Luis Brea al hablar de arte electrónico en “Breve (y desordenado) antiglosario sobre el arte electrónico”, esta evolución tecnológica va incluso más rápido que la de la lengua, logrando que las formas y los términos desaparezcan antes de siquiera asentarse. O como habla de nuestra actualidad en “Redefinición de las prácticas artísticas en el siglo XXI”, definiendola como un “tiempo inmaterial” en el cual existe una circulación acelerada de información, sobre el que la práctica artística debe contrarrestar operando en el terreno del acontecimiento y la presencia. Lo que a principios del siglo XX se vendía como comodidad, hoy nos permite visualizar y vivenciar los costos de la hiperconexión: la inmaterialidad de la red no nos libera del tiempo, sino que transforma nuestro presente en un constante flujo de datos.

La insensibilidad de la época me lleva a preguntarme qué nos dejó realmente emancipar el arte de lo espacio-temporal, y es acá donde encuentro cierta correlación entre mi experiencia con la obra de Charles Csuri, ambos en la búsqueda de darle forma a una situación que necesita distorsionar el cuerpo y el rostro como forma de expresión. A través de esta herramienta, él materializaba estados psicológicos y emocionales donde la forma mostraba conceptos como el peso, la ansiedad o el colapso. En mi obra, la figura humana y el rostro pierden su eje para entrar en un ritmo alterado, correspondiendo a los fundamentos de Csuri. El movimiento veloz de los vectores representa este sentido de la aceleración, mientras que el fondo transparentando de a poco busca contrarrestar su ritmo, yendo lento para generar cierta impaciencia en el espectador. Además, la figura se mueve, rebota y desaparece. Utilizo estos juegos para representar tanto la teoría como mi propia vivencia física y experiencia corporal cotidiana. El trazo del rostro se distorsiona en tiempo real, los vectores no buscan dibujarlo ni representarlo sino que lo deforman en función de estas tensiones. Si el escenario global actual es la hiperestimulación, reafirmo entonces la importancia de la presencia y de poder realmente atravesar y dejar que nos atraviesen estas problemáticas, para que la inercia de la actualidad no nos arrastre también. Me niego a oscilar, tal como el rostro en mi obra, entre desconexiones y ritmos que no me pertenecen.

Bibliografía

BREA, José Luis. (2002). “Breve (y desordenado) antiglosario -o diccionario de tópicos- sobre el arte electrónico”. Salamanca: CASA Editorial.

BREA, José Luis. (2008). “Redefinición de las prácticas artísticas”. Murcia: CENDEAC.

Breve biografía

Victoria González nace en Buenos Aires en julio de 2004. Comienza de pequeña sus estudios artísticos orientados en la danza, y a los 19 ingresa al Taller de Danzas del Teatro san Martin. En busca de nuevos métodos de creación artística y con intenciones de ampliar sus campos creativos, a los 22 años ingresa a la carrera de Artes Multimediales en la Universidad Nacional de las Artes, donde entrelaza sus dos mundos y se adentra en nuevas experiencias interactivas sobre arte y tecnología.