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La obra está compuesta por una serie de líneas rectas estáticas que terminan moviéndose de manera aleatoria. A su vez, cuenta con 9 cuadrados de diferentes tamaños: 6 estáticos y 3 dinámicos cíclicos que, al moverse, dejan una estela. Todo esto se ve en blanco sobre un soporte negro.
Desarrollo técnico, estético y conceptual
En la obra se utilizan las estructuras condicionales vistas en clase para generar el movimiento de los tres cuadrados, sumadas a la función de azar para la creación de las líneas aleatorias. Estética y conceptualmente, la pieza está fuertemente basada en “Schotter” de Georg Nees, buscando explorar la tensión visual entre el orden estricto de la geometría y la desestabilización que introducen el azar y la máquina. La repetición de los cuadrados sobre un fondo negro exagera la tradición de lo digital en el imaginario colectivo.
Asimismo, la estela busca remitir a la noción de José Luis Brea: lo importante ya no es el dibujo terminado, sino el programa que lo genera. La pieza no funciona como una imagen fija, sino como un dispositivo que produce algo distinto en cada ejecución, transformando el hecho artístico en un proceso continuo. Al igual que Nees, se deja de trazar a mano para diseñar las condiciones bajo las cuales la máquina opera por sí misma. La obra-objeto desaparece para dar lugar a una obra-proceso donde lo valioso es el sistema lógico que articula movimiento, tiempo y aleatoriedad, consolidando el rol del programador como autor de las reglas que otorgan autonomía a la propuesta.
En este marco teórico es donde emerge la vivencia poética del trabajo. Es en estos momentos, cuando la producción se despega de la mano y toma su propio camino, mutando y desarrollándose, que se vuelve evidente cómo en cada pieza queda plasmada una parte de quien la crea. Al observar los cuadrados imprimiéndose y moviéndose dentro de su ciclo frente a las líneas azarosas y temblorosas, cobra dimensión la trama de artistas y pensamientos que atraviesan la práctica personal para otorgar el deber político de crear y expresar. Aunque la obra ya no necesite cuidado directo —pues se imprime y crece por sí sola—, en su autonomía persisten de manera natural los rastros de su origen y proceso.
Bibliografía
- NEES, Georg. (1968). “Schotter”.
- BREA, José Luis. (2008). “Redefinición de las prácticas artísticas (s. 21)”.
- BREA, José Luis. (2002). “Breve -y desordenado- antiglosario -o diccionario de tópicos- sobre el arte electrónico”.
Breve biografía
Mi nombre es Celeste Barros, nací un 9 de marzo de 2006 en Buenos Aires. Siempre tuve un interés especial por el arte y el internet, lo que me llevó a trabajar como artista digital desde 2021. Por esto mismo decidí comenzar la carrera de Licenciatura en Artes Visuales de la UNA en 2025 y la Licenciatura en Artes Multimediales de la misma universidad este año.