Presentación de la obra

Corazones distantes

Artista: Natasha Barria Cuella

Corazones distantes. Corazones nublados, solapados, difusos. Corazones en contraste. En esta producción se encuentra latente la búsqueda de problematizar, aunque sea desde roles afines o contrapuestos, la situación contemporánea en materia vincular y el cómo se ha visto atravesada por las nuevas dinámicas sociales implantadas por los avances en ciencia, arte y tecnología.

Desarrollo técnico estético y conceptual

Ciertamente los modos de producción artística han cambiado con la llegada del nuevo milenio, específicamente a partir de la “democratización” de los medios de comunicación, las aclamadas redes sociales, plataformas de streaming y la masificación de información, han cambiado la forma en la que nos relacionamos, no solamente para con el arte sino también en nuestros vínculos personales. Pasado el primer cuarto de siglo en la era de la globalización y la inmediatez, se torna indispensable pensar a los productores artísticos como coordinadores y creadores de aquellas micro-situaciones sociales que muy detalladamente anticipa Brea. Un artista que quiera ser aceptado como tal no puede disuadirse de la urgente necesidad del público en formar parte de una comunidad, una tribu de la que sentirse parte, identificarse con determinada conexión conjunta a los mismos afectos y conceptos.
Y es en ese exacto punto donde la realidad tangible choca con la virtual. En el momento donde la construcción de una audiencia parte de la pulsión individual de proclamarse presente, mucho antes de siquiera preguntarse si la obra lo interpela o no, cuando la consagración del aforo de personas se ve influenciada por lógicas de su miedo a perderse algo importante (Fear of Missing out) en lugar de por una afinidad para con el artista y su producción. ¿De qué tipo de comunidad estamos hablando exactamente? Si detrás de ella solo hay una tracción de subirse a la nueva ola que pasadas 2 semanas reemplazaremos por la entonces nueva tendencia. ¿Realmente estamos presentes en los eventos a los que asistimos para “conectar”? ¿Existe un grado de experiencia activa para con los artistas y sus producciones? ¿O el disfrute por las obras se difumina hasta convertirse eventualmente en simple estímulo? Toda esta desconexión de las masas ausentes, se replica en la imagen a través de innumerables corazones aleatorios y subexpuestos, difuminados y solapados entre sí. En conjunto conforman un fondo que pareciera nunca tomar conciencia de su participación.

“Nada que tenga la forma de la negación calculada de sí misma hace otra cosa que preparar indisimuladamente la coartada del compromiso cumplido anticipando el momento de su absorción integrada.” Jorge Luis Brea

¿Podría entonces existir brevemente, una práctica que niegue su propio entorno a modo de atrincherarse en su producto más nulo? ¿Puede una obra integrarse en sus propias contradicciones hasta diluirse en su medio? Si, la evolución es inevitable. ¿Hacia dónde toca evolucionar? ¿Las producciones integradas en este sistema inmaterial desean ser parte de él? Si la causa de las nuevas redes es romper con los moldes tradicionales de la comercialización, mediante una lógica de difusión caracterizada por su “uso libre”, ¿La producción pertinente de canales de circulación no determina simplemente un molde antiguo con medidas nuevas? ¿Sería extremo decir que las prácticas artísticas no abandonaron las institucionalidades? sino más bien cambiaron sus nombres y estándares; sin embargo sus jerarquías y condiciones permanecen inmutadas en su concentración. Si hay un sendero que dirija el camino, me animo a fabular su dirección hacia una necesaria conexión con lo material, más bien diría lo terrenal. La exhaustiva oferta de producciones de discursos de identificación, informativos, de entretenimiento e incluso artísticos deja la engañosa sensación comunicativa de cercanía y comunidad: Por supuesto la difusión funciona, pero siempre será el medio más nunca el fin en sí mismo. Necesariamente deberá estar acompañada de la presencia terrenal, mínimamente verdadera por sí misma. ¿Es esa vuelta al entorno y sus objetos lo que libera la auténtica expresión de las prácticas? ¿O en el peor de los casos están atadas a su naturaleza bidimensional? Sin ir más lejos ¿Este texto encontraría sentido sin este momento de exposición o siquiera existiría sin este archivo? Cualquier práctica artística que quiera transmitir algo más que un simple consumo del que sus oyentes olvidarán más pronto que tarde, debe necesariamente pensarse desde el acercamiento a experiencias reales, humanamente tangibles, desde una conexión por fuera de la red.

Bibliografía

  • Jorge Luis Brea. (2008). “Redefinición de las prácticas artísticas (s. 21)” en El tercer umbral. Estatuto de las prácticas artísticas en la era del capitalismo cultural. Murcia: CENDEAC.

Breve biografía

Natasha Barria es una artista multimedial, compositora e intérprete musical y productora de eventos culturales y audiovisuales. Oriunda de Río Gallegos, Santa cruz, a sus 18 años se mudó a Buenos Aires para iniciar su carrera profesional, siendo el primer paso anotarse como estudiante de la Licenciatura en Artes Multimediales en la UNA. Atravesada por las dinámicas socioculturales de la ciudad, la volatilidad eufórica de los cambios en sus modos de vivir, y la transformación intelectual, emocional y espiritual a la que se vió casi obligada a traspasar para adaptarse a su nuevo entorno; Desarrolla su camino en el rubro de forma autogestiva, apoyándose en la comunidad independiente de zona oeste. Su mayor búsqueda de estilo, en los diversos formatos que presenta sus producciones, está tras la expresión de la vulnerabilidad y sensibilidad, de modo tal de replicar alguna parte esencial de sus vivencias, expectante que tal vez un tercero encuentre allí un mensaje que alivie y acompañe una parte de sí mismo.