Soledad
- La obra “Soledad” es una obra la cual fue creada con la intención de que el espectador pueda hacerse partícipe en la obra pero esta participación será de una forma controlada y limitada por su autor. Esta es una obra tranquila y un tanto psicodelica si se quiere, con gran cantidad de interacciones posibles que puede generar con el mouse y con el teclado, el espectador puede lograr adecuar la obra a algo que le resulte placentero y sea de su agrado tanto auditiva como visualmente, pudiendo disfrutar de un momento de tranquilidad y no necesariamente en compañía. Soledad invita a dedicarle cierto tiempo, probando sus interacciones, observando y disfrutando de los distintos escenarios que propone, los cuales se pueden combinar a gusto propio y en cantidades casi infinitas.
Tocando cualquiera de las siguientes letras o numeros: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, q, w, e, r,, t, y, a, s, d, f, g, h, j, k, z, x, c, v, b, n, m Y , se pueden generar interacciones y tambien moviendo el mouse por encima de la obra
Desarrollo técnico, estético y conceptual
El autor Claire Bishop en “El arte de la instalación y su herencia” nos plantea que las instalaciones nos presentan de modo directo sus elementos para que podamos (nosotros, el espectador) experimentar e interactuar con ellos. Esto implica un énfasis en lo sensorial y logrando una participación física del espectador en la obra, por lo que este se hace parte de la pieza en exposición.
Algo similar sucede en Soledad, donde de cierta forma, aunque no física, el espectador puede trasladarse por y a través de la obra, al poder modificarla y actuar sobre ella (pero de una manera bastante limitada debido a que su autor limita lo posible de hacer y modificar en la obra a su gusto). El espectador puede lograr esto con las interacciones que tiene disponibles, modificando lo que se ve y escucha desde la pantalla y consiguiendo así que el espectador se active y sea capaz de sentir la obra. El sujeto entonces se convierte en una parte fundamental de Soledad, una obra la cual (al igual que las instalaciones) no espera solo ser contemplada y observada, sino ser influenciada de diversas maneras y no necesariamente con un criterio lógico y racional.
Esto de cierta manera nos relaciona con lo que comenta Boris Groys en su texto “Política de la instalación”, donde hace referencia a quien es el dueño simbólico del espacio donde la obra reside, explicando que a veces este pertenece al artista y otras al visitante/espectador.
Aquí yo creo que este control/dominio está repartido entre el autor y el espectador; sin embargo, la ventaja siempre la lleva el autor, debido a que aunque el espectador puede modificar lo que ve y escucha de diversas maneras, este lo hace solo entre los límites de lo que el autor le permite, creándole una falsa idea de control al espectador por sobre la obra, permitiéndole así adecuar la obra a algo que le siente cómodo pero solo y en tanto las limitaciones que el autor le creo se lo permitan.
Bibliografía
BISHOP_ Claire. (2008). El arte de la instalación y su herencia.
GROYS, Boris. (2010). Política de la instalación.