Koi
“Koi” es el resultado de llevar algo simple como una elipse estática a un cuadro dinámico utilizando solamente copias, rotaciones y el azar que trae la generación éstas desde un nuevo punto de inicio al hacer un click.
Desarrollo técnico, estético y conceptual
Al encontrarme con los autores propuestos por la cátedra, decidí enfocarme en el trabajo de las mujeres y así llegué a las obras de Vera Molnár. En una entrevista ella habla de “monotonía, simetría, sorpresa” para describir su trabajo (trae la idea de un libro de Charles Baudelaire) lo cual me gustó mucho porque no son conceptos que uno piense que pueden coexistir.
Personalmente, disfruto de la estética simple y simétrica y jamás pensé poder sumarle un elemento de “shock” y muchísimo menos, a través de la programación. Realmente me resulta increíble que a partir de una figura, en este caso una elipse, y unas funciones que permitan su copia y rotación, se genere algo dinámico, interactivo y con variables infinitas así que eso decidí hacer en mi trabajo, dentro de un bucle que visualice constantemente los múltiples cambios posibles. Agregué el detalle del cambio de color en escala de grises porque quería incluir de alguna manera el color.
Además de esta autora, al ver la clase sobre “estética del arte generativo” del 2021, el trabajo de Ben F. Laposky se destacó para mí. La sensación de movimiento a partir de algo abstracto y generado a través de una herramienta utilizada para interpretar señales eléctricas me llamó la atención y a su vez, ciertas obras me recuerdan a las imágenes que se producían usando espirógrafos y pensé que era un buen guiño al “juego” que es hacer arte. Me gusta pensar en que es la versión 2.0 de un dibujo hecho en la infancia.
En relación a los textos vistos en clase, me agarro de lo expresado por Paul Válery sobre la ubicuidad que él relacionaba con la música y el poder hacer de cada obra, una experiencia totalmente personal con las posibilidades de interacción que las obras realizadas con programación creativa permiten. Ahora no sólo se puede adecuar las obras al momento que los espectadores quieran, sino que también dialoguen con ellas. Podemos hacer una conexión aquí con lo escrito por José Luis Brea en “Redefinición de las prácticas artísticas”: “la transformación de las nuevas sociedades sitúa en primer plano el trabajo inmaterial, la producción de sentido y afectividad”. En este caso se trata de hacer partícipe al otro en esa significación de la obra. Según Brea, esta acción de “terciarización” como él la define, será el modo principal de consumo. En 2008 pudo visualizar prácticamente a la perfección lo que sería el arte atravesado por el acceso a Internet y las redes sociales. Dice “el poder de la imagen, de la ‘cultura visual’ al respecto es casi absoluto” así que se puede pensar estas obras interactivas como una conjunción de ambas ideas.
También habla sobre los múltiples escenarios que pueden existir gracias a las tecnologías existentes, que dan lugar a “acontecimientos”, en lugar de algo efímero. Lo cual nos trae devuelta a Molnár, quien ha dicho sobre el arte estático, por llamarlo de alguna manera: “Para detectar este extraordinario momento, cuando el arte sucede, no tenemos el tiempo suficiente y nos forzamos por percibirlo en su totalidad, hacer millones de variaciones.” y agrega a esta idea, lo que la incorporación de las computadoras permite en el arte: “Aquí tenemos quien nos cumple los deseos, nos ayuda a materializar rápidamente los pensamientos visuales que no pudimos descifrar totalmente por falta de tiempo o agudeza visual”.
“Koi” busca ser una convergencia de todo lo expresado previamente. La simpleza de una figura que a través de su copia y movimiento en el espacio genera una obra con múltiples variaciones, un evento más que un instante.
Bibliografía
BREA, José Luis. (2008). “El tercer umbral”. Murcia: Cendeac.
VÁLERY, Paul. (1928). “La conquista de la ubicuidad”.