Bola de fetiche
Bola de fetiche es la reutilización de un fragmento de código ya utilizado en otra obra que produce una diferente en un proceso que apenas está comenzando, ya que ese mismo fragmento puede dar muchas otras diferentes obras. Una bola que se acerca y consume a quien la observe, para luego dar la posibilidad de elegir el punto de vista, para también consumir la obra.
Desarrollo técnico, estético y conceptual
Si Aira compra una nueva edición de bolsillo para no manosear su libro-fetiche de Duchamp, que contiene a su vez una reproducción de una obra del artista, aquí se reutiliza una función utilizada anteriormente, se reproduce pero sin alterar el original, ya que se toma una parte, se la copia y se la introduce en una nueva obra, sin gasto, y sin el manoseo tan temido por Aira. El escritor traza una breve historia para indicar que “la obra de arte siempre llevó implícita su propia reproducción”, en este caso no se la re-produce simplemente para explorar cómo era la obra anterior, sino que la anterior produce una nueva y diferente. Todavía más, está la posibilidad de que el mismo código se pueda reutilizar tal cual, sin modificaciones, para una obra nueva y luego para otra y para otra. Obras que podrían ser completamente diferentes.
El fetichismo del sketch, de la reproducción del sketch, se esconde en el código, allí están las condiciones sociales del trabajo, en términos marxistas. Marx también señala en El capital que la sensación luminosa que un objeto produce en el ojo es también algo físico entre dos objetos físicos, “la relación de valor de los productos del trabajo no tiene absolutamente nada que ver con su carácter físico ni con las relaciones materiales que de este carácter se derivan. Lo que aquí reviste, a los ojos de los hombres, la forma fantasmagórica de una relación entre objetos materiales no es más que una relación social concreta establecida entre los mismos hombres.” A su vez, en un capítulo inédito de El capital (capítulo VI), señala la diferencia entre el trabajo productivo y el improductivo (al cual pertenecería el arte), lo cual da pie para que Adorno en su Teoría estética lo retome para decir el no poder presentarse al mercado como trabajo productivo es “la defensa más fuerte del arte contra su funcionalización burguesa” y resalta este carácter fetichista de la obra de arte: “a favor de lo que carece de poder sólo sale en defensa lo que no se pliega al poder, a favor de un valor de uso disminuido lo que no sirve para nada.”
Sobre el carácter físico podemos también incluir en esta obra también la posibilidad de interactuar con ella mediante el mouse de la computadora, una extensión del brazo del usuarix quien se vuelve así también parte activa, productor. Esto recuerda al carácter democratizador de las instalaciones, que reafirma la condición de sujeto de quien participa, retomando a Bishop. Obviamente aquí la obra no atrapa al espectadorx más que metafísicamente y hay allí una limitación, pero también podemos decir que toda experiencia instalativa, por más compleja que sea también tiene sus límites ya que a más poder de decisión que se da a quien está participando también se da mayor poder de decidir no participar.
Nuevamente el trabajo de Jared Tarbell ha sido referencia y el arte generativo en general, ya que se trata de una obra que no finaliza.