Presentación de la obra

Diamond

Artista: Milagros Kreuter

“Diamond, ¿por qué Diamond y no Circle? ¿Por qué english y no español? Inentendible. Esta chica desubicada que ve en un rombo la simpleza de la vida y encima tiene el tupé de hacer blancos, negros, grises… ¡Que desdicha! Si la vida es color de rosa, la vida es bella, la vida es…” — es gris. Con cuatro puntas indispensables. Con los blancos, los grises, los negros, con todo… uno siempre ahí en el medio, formando su propio rombo a pesar de las circunstancias, con otros rombos formándose a su alrededor.

Desarrollo técnico, estético y conceptual

Mi trayecto comenzó en dos artistas, Lillian Schwartz y Herbert W. Franke. ¿Qué tendrá que ver mi obra con dichos artistas? Y, no mucho la verdad. Sólo sé que fueron el puntapié inicial para empezar este recorrido.

Particularmente estas dos imágenes me inspiraron, por más que mi idea inicial no era ni similar al resultado final, fueron mi punto de partida. Ambas estéticas me llamaron poderosamente la atención, de hecho, planeaba hacer una fusión de ambas obras, pero consideré que era muy ambicioso de mi parte y honestamente los tiempos nunca estuvieron de mi lado.

Ahora, quizás, lo más complejo es relacionarlo con ideas específicas y autores, por un bien común, elijo nombrar ideas y no autores en particular, ya que muchos textos comparten ideas entre sí, y relacionarlos completamente me llevaría más de 500 palabras.

Primeramente, la idea general que más grabada me quedó, fue la del arte como un atemporal,

una obra que permanece en su esencia a pesar del tiempo. Quizás un poco también intenté lograr

eso, una obra que sea tanto propia, como de quién la vea, y ambos percibamos cosas diferentes,

en tiempos y etapas distintas.

Por otro lado, una obra de arte ya no se vale por lo que piense un artista, si no que necesita cierto status para considerarse obra. Mi arte no se vende, ni se comercializa. Entonces, ¿realmente puedo llamar “obra” a cuatro rombos y cuatro círculos trazando patrones?

Herbert W. Franke Lilian Schwartz

En un mundo donde el materialismo domina la escena, donde una obra que no “paga” no es obra, donde un artista no busca romper paradigmas solo busca reciclar aquellos que ya estaban formados, donde al final del día cuadros famosísimos deben ser cubiertos, enjaulados, escondidos y protegidos solo por su valor en dólares y no por su valor sentimental… ¿con que cara miro yo mi obra y la nombro obra de arte?

Quizás en un futuro -espero no muy lejano- el arte vuelva a su rebeldía y se reencuentre con su sed de revolución que tanto se esconde, aquellos artistas que se reunían a manifestarse por lo que creían correcto mediante sus obras, volverán y sólo así comprenderemos que un collage clavado con agujas, un pincel medio estropeado, un lienzo un poco manchado e inclusive, como quién hizo alguna vez, un perchero con cuatro ganchos en el medio de un salón, pueden ser mucho más letal que un arma.